NIDO DE PARÁSITOS

La repentina salida de tono de Oriol Junqueras sobre la condena a los acusados ​​del 1-O ha causado desconcierto y cierta desazón. Junqueras ha dicho concretamente que la mejor respuesta al fallo del Supremo era adelantar la fecha de elecciones en Cataluña. El líder de ERC ha apremiado a Pere Aragonés, actual Vicepresidente de Gobierno y Consejero de Economía y el más devoto y sumiso de sus monaguillos (y un ‘trepa’ de solemnidad) a ponerlo en marcha. Tardà ha refrendado, en nombre de ERC, su opinión, pero los votantes no lo han entendido. Convocar un plebiscito como única medida de presión contra la inminente sentencia de los presos políticos no tiene ningún sentido. La CUP y el mismo presidente Torra han apostado por «romper con España» con actos de protesta y concentraciones pacíficas.

Por su parte Jordi Sánchez de JxCat, encarcelado en la misma prisión que Junqueras, ha replicado diciendo que «no se debe utilizar para hacer política de partido la sentencia del Supremo como respuesta pública». Todo esto confirma que la división del independentismo es terminal. Mientras Junqueras quiere elecciones y propone negociar con el Gobierno de Madrid, Quim Torra, Carles Puigdemont, y ahora, Jordi Sánchez, defienden todo lo contrario. Este cisma del independentismo en Cataluña lo han aprovechado perversamente algunos medios ultraconservadores españoles, así como el mismo TS, los unionistas en general, los factótums del PP que iniciaron el proceso y el vergonzoso y vil tripartito integrado por Ciudadanos, PP y VOX.

Este maldito lío, extendido por las redes sociales, especialmente para Rufián, Aragonés, Torrent y el colectivo Primer d’Octubre de ERC, ha hecho enderezar el concepto de que la mayor parte de la gente tenía de la estrategia de partidos. Dicen que la política se encuentra inmersa en un estado muy complicado y confuso. No les falta razón. Es cierto que la han herido de muerte las puñaladas que algunos oportunistas, los que la utilizan para beneficiarse, le han clavado olvidando que están al servicio del bien común. Más que estadistas, son politicastros que quieren permanecer en el poder para continuar disfrutando de las prebendas que les dispensaron los votos.

Sin embargo, lo que ha caído como una bomba ha sido la publicación por los medios de la verdadera intención de Junqueras en convocar elecciones. Según ellos, Junqueres pretende conseguir la presidencia de la Generalitat. El caudillo de ERC nunca ha querido enfrentarse al sistema, ni rebelarse contra una injusticia. Sus intereses de partido han predominado por encima de la voluntad popular. Los votantes están indignados. Al fin han sabido que Junqueras, Puigdemont, Torra y Artur Mas arremeten una lucha a muerte para liderar el bloque independentista, con la vista puesta en la sentencia del proceso. Los ciudadanos se han dado cuenta de que algunos políticos aspiran sólo a conseguir el poder por motivaciones ilegítimas: privilegios, dinero y prosperidad y que muchos partidos no son más que nidos de parásitos. Por fortuna no todos son iguales. Saben que en sus filas muchos son los que trabajan como hormiguitas para transformar la sociedad.

La campaña de la prensa Bergantín y vil contra Cataluña no se ha hecho esperar. Alfonso Ussía publicó en La Razón la cifra de participantes inscritos para la próxima Diada, según él «en 2013 superaba los 300.000 y ahora ha bajado a 37.500». Haciendo gala de una ironía de parvulario nacional-católico añadió que «si me permiten los independentistas, me apuntaré para que se alcance la cifra de 37.501». Las organizaciones independentistas reaccionaron rápidamente. Eduard Pujol de JxCat y Marta Vilalta de ERC hicieron un llamamiento a la participación. Elisenda Paluzie, presidenta de la ANC y Marcel Mauri de Òmnium Cultural, reivindicaron una llamada a la unidad de los partidos independentistas. A los pocos días, Quim Torra, Carles Puigdemont y Marta Rovira encabezaban una reunión en Suiza con miembros de la CUP y con altos dirigentes de esas dos organizaciones. nada de nada. no habrá ninguna estrategia unitaria del independentismo para hacer frente a la sentencia del Tribunal Supremo. ERC no quiere ruido. Quiere pactar pacíficamente la situación carcelero de sus encarcelados.

Algunos soñadores piensan que las manifestaciones de protesta que se producirán en Cataluña el 11 de septiembre se aplacarán por causa de la ignominiosa división patente de los partidos independentistas. Yo no lo creo. La gente de la calle mantiene sus convicciones. El veredicto del Supremo, de inminente publicación, será tan represivo y duro que por sí mismo moverá a movilizaciones. Un veredicto perverso, antijurídico, malévolo y demoníaco como consecuencia de la venganza de España, el odio de los que abominan en Cataluña y la preponderancia de los magistrados del Tribunal. El motivo es muy simple: cuando no se tiene la razón se deben inventar argumentos falsos.

El próximo 11 de septiembre la gente saldrá a la calle, pasa de partidos y partidillos. Lo hará por voluntad propia, como lo ha hecho siempre que se ha rebelado contra la injusticia, la opresión y la intolerancia. Ahora clamará más que nunca. Su protesta es la de un país que no quiere vivir sometido y que reclama, como derechos inalienables vulnerados por el poder funesto de los políticos, el regreso de los exiliados, la amnistía de los presos y la prosecución del proceso independentista.