MALDITOS PRESUPUESTOS

Según cualquier diccionario de uso común, los presupuestos del Estado son los gastos e ingresos previstos para que un partido político pueda gobernar con solidez durante su judicatura’. Esta definición lleva implícita, en la práctica, la merma de las listas de espera, la desaparición de los barracones escolares, la reducción y mejora de los salarios, así como los subsidios a la dependencia y el incremento de viviendas sociales. También comporta más ayudas a los desempleados y un generoso fomento de la investigación, la exportación, el trabajo y los servicios de la Seguridad social. Pero para que el poder ejecutivo pueda ejercer su función es preciso que el Parlamento apruebe por mayoría los presupuestos a la fecha de hoy convertidos en malditos.

El Gobierno de Pedro Sánchez surgió de una moción de censura del PSOE contra el PP que triunfó gracias al apoyo de Podemos y de los nacionalistas vascos y catalanes. La oposición –Ciudadanos, los populares y ahora VOX- es derecha pura. O, sí lo preferís: el de Rivera ultra-conservador, el de Casado de extrema derecha y el de Abascal fascista a tope. Todos propagan, a su modo, los sagrados principios del Movimiento Nacional, la Iglesia y la Unidad de la Patria. Los tres partidos más reaccionarios de la borbónica España compiten en lanzar diatribas contra el independentismo catalán, tópicos a favor de la bandera hispánica, y argumentos disparatados para justificar su falta de solidaridad con los inmigrantes de las comunidades más pobres.

Pero el problema estriba en saber quién es el auténtico enemigo de Cataluña. No es lo mismo Santiago Abascal, presidente de VOX, que acaba de presentar ante el TS una querella contra “el golpista Torra por conspirar para la rebelión”, que el socialdemócrata Pedro Sánchez, presidente del Gobierno español. Abascal -elogiado por Miquel Iceta en ‘Els matins de TV3’- ha pedido “ante la inacción del Ejecutivo la detención y prisión preventiva del President de la Generalitat” mientras que Sánchez sigue oponiéndose contra viento y marea a las peticiones de Ciudadanos, del PP y de algunos jerarcas del PSOE como Felipe González, Alfonso Guerra, Javier Lambán o Emiliano García Page todos ellos partidarios de volver a aplicar el 155 en Cataluña.

La cuestión es tan evidente como diáfana. Si los partidos independentistas no apoyan los presupuestos de Pedro Sánchez, se convocaran unas nuevas elecciones generales que ganarán, de forma meridiana, el despotismo monárquico del PP, el unionismo totalitario de Ciudadanos y el fascismo explícito de VOX. Ello supondría para Cataluña, no solo la aplicación del artículo 155 sino la anunciada paralización de su administración, la suspensión de su autonomía y la ilegalización de las organizaciones y partidos independentistas. Es una amenaza extremadamente radical que pretende llevar al matadero a nuestra Nación y que debiera haber sido prevenida por sus dirigentes. Pero no ha sido así. Quim Torra, sin encomendarse ni a Dios ni al diablo, en un acto de apoyo a los presos políticos junto a la cárcel de Lledoners se explayó en contra de la voluntad popular contra el Presidente Sánchez con estas palabras: “Nosotros, el pueblo de Cataluña le retiramos el apoyo. No votaremos los presupuestos.”

En el diario “ARA” del pasado domingo Toni Soler refrendó mi tesis aunque echando agua al vino. Escribió: ‘L’alternativa es prou coneguda: eleccions anticipades, tensió, posible tripartit de dretes, el 155 total o parcial i una resposta popular a Catalunya difícil de mesurar i encare mes difícil de canalitzar’.

El sentido común es, en democracia, la ley de leyes que prevalece incluso a la propia Constitución. Una capacidad de juzgar y obrar acertadamente al servicio de la ciudadanía, virtud de la que carece Torra, un parlanchín que pronuncia palabras huecas que debería callar en los momentos más inoportunos. Personalmente creo en el pueblo de Cataluña pero no en sus mandatarios. No existen estadistas como lo fueron antaño Francesc Macià, Lluís Companys, Josep Tarradellas, Pasqual Maragall o Carles Puigdemont a pesar de la palidez del color de sus partidos. Torra habla por boca de ganso marcado por la cólera. 

Parece ignorar lo que la ciudadanía de este país sabe desde hace tiempo: que los partidos independentistas han roto sus relaciones por anteponer sus intereses electoralistas a combatir la represión del Estado Central y rehabilitar la Libertad. El pueblo es consciente de que a corto plazo conseguirá la independencia de su país e instaurará una república libre, popular y soberana sin la intervención de políticos ajenos al Procés o de aquellos otros que se han convertido en siervos del ejecutivo español. El pueblo es sabio, sensato y prudente. Se ha percatado de que Torra no es un estratega, y se siente indefenso cuando lanza improperios y se niega a negociar.

Se ha iniciado un nuevo año que será decisivo para el procés. Un año en el que debieran ser liberados los presos políticos, lograr el regreso de los exiliados sin represalias, poner los cimientos para la creación de un nuevo Estado independiente en forma de República y, por encima de todo, vivir en una Cataluña nueva, unida y en libertad. Estos son mis deseos para el 2019. Salud y suerte.