Los derechos de los presos

Cuando un ciudadano ingresa por la razón que fuere en prisión se convierte automáticamente en un preso. No importa si se trata de un cualquiera o de una celebridad porque allí todas las personas son iguales. Tampoco prevalece que sea un político, un banquero, un paria o un famoso de esos que cuando permanecen en libertad salen cotidianamente por televisión. Pero al igual que en la vida -en que existe una justicia para ricos y otra para pobres- en las prisiones existen discriminaciones a favor o en contra de determinados internos. Eso es así porque, pese a que la Ley general penitenciaria mantiene que ‘la actividad de los funcionarios se ejercerá respetando la intimidad y la personalidad humana de los reclusos sin diferencia alguna por razón de raza, opiniones políticas, creencias religiosas o cualesquiera otra circunstancia de análoga naturaleza’, en la realidad no ocurre.

Seguir leyendo