«LAS FANTASÍAS DEL MUY HONORABLE»

En política casi nunca gana el mejor. La máxima ‘cada nación tiene el gobierno que se merece’ es cierta, pero sólo a medias, porque la gran virtud de la democracia es el sufragio universal. A Quim Torra no lo eligió el pueblo, el nominó Carles Puigdemont por Real Decreto. Entonces bajó del Reino del cielo para hacerse cargo de la Generalidad. En un principio fue una solución de emergencia para la causa independentista motivada por el hecho de que el Presidente y sus consejeros exiliaran en Bruselas, y el resto de mandatarios catalanes fueran encarcelados. Todo fue bien hasta que Torra hablar por hablar. Charlaba por los codos sin lugar a discreción hasta el extremo de no saber si sus palabras eran tonterías, fantasías de un tonto, o malas interpretaciones de lo que le señala el presidente Puigdemont. Al inicio del juicio contra los patriotas catalanes se declaró ignominiosamente ‘preso político’. El pueblo que es sabio y erudito se dio cuenta que no era una estratega. Percibió que cuando lanzaba improperios contra la gente era para ganar adeptos o porque no descubrieran su incapacidad.

Torra, será juzgado los días 25 y 26 de septiembre por el Tribunal Superior de Justicia de Cataluña por un delito de desobediencia o, subsidiariamente, de denegación de auxilio a la autoridad, ha fin de inhabilitarlo. El móvil, como todo el mundo sabe, es haberse negado a retirar del Palau de la Generalitat una pancarta de apoyo a los patriotas encarcelados durante la campaña de investidura. El juicio no tiene ningún sentido. El Honorable es limitar a ejercitar el derecho a la libertad de expresión. La Junta Electoral Central, entiendo que no tiene capacidad jurídica, ni por lo tanto es competente, para conminar al presidente de una autonomía a sacar un cartel de la fachada de un edificio por muy oficial que sea. Y menos si su contenido no es ilícito ni delictivo. Pero esta no es la cuestión de este escrito. Lo importante para mí es constatar la existencia de una nueva invasión de las fuerzas políticas españolas en nuestro país, son de guerra. Esta vez van cubiertos con togas. Lo hacen para prohibirle al máximo gobernante de esta nación seguir ocupando el cargo de Presidente de la Generalidad. Al final del hilo y está el presidente con funciones, Pedro Sánchez, a quien le estorba la intransigencia de Torra por su investidura. Esta es la clave de este nuevo Procés.

Rajoy dio sepultura a la política en sustituirla por la justicia. El costo fue muy alto: tuvo que renunciar a dirigir el Estado español. Desde entonces lo haría el Tribunal Supremo. La constante incapacidad y apatía de Rajoy para resolver los problemas políticos de su competencia, especialmente el proceso independentista de Cataluña, le impulsó a dejar en manos de la justicia el blindaje de la monarquía borbónica y la defensa de la unidad de España . Una prueba irrefutable de la falta de separación de los tres poderes instituidos por Montesquiu y un hecho execrable que invalidó la democracia en España en confundir el ejecutivo con el judicial. En consecuencia, una decisión que podría convertir al juez Llarena y al resto de magistrados de la Sala Segunda del TS en posibles prevaricadores.

La respuesta del Muy Honorable Presidente de la Generalitat no se hizo esperar. Afirmaciones algo irreflexivas, exclamaciones del disgusto, quejas arbitrarias. Torra, soltó desaguisados ​​como ‘la justicia sólo es lenta cuando quiere’, o acusaciones al juez instructor para actuar con » celeridad interesada ‘. Va fe saber también las muchas irregularidades procesales que ponen en duda la imparcialidad del Tribunal. Es decir, contradijo la opinión generalizada sobre la lentitud e inseguridad de la justicia, un hecho fidedigno puesto de manifiesto por juristas y justiciables que se ha convertido en el principal motivo de preocupación en cuanto al estado de derecho. Torra, como si nada, fue a Madrid para advertir al Gobierno que una sentencia a los presos reiniciaría el proceso de independencia. Seguro, tranquilo e irónico ratificó el ‘no’ a Pedro Sánchez. El resto como ‘el retorno de Suárez en Pedralbes,’ lo volveremos a hacer ‘,’ desobediencia civil ‘,’ huelga general indefinida ‘, etcétera, fueron palabras vacías, que muchos compartimos, pero sin contenido, ya que, por supuesto, no concretó la hoja de ruta.

Sin embargo, los asesores de Pedro Sánchez se equivocaron aconsejando que conminara, mediante el Fiscal General del Estado, al TSJC a querellarse contra Torra por un delito inexistente. Muchos de los ciudadanos que perdieron la confianza en nuestro Presidente, ahora se pondrán a su favor y saldrán a la calle. Porque, a pesar de todo, charlatán o mudo, el Muy Honorable Quim Torra, Presidente del Gobierno de Cataluña, es el primer mandatario de este país, el cual goza de los mismos derechos y atribuciones que su homólogo español. El pueblo catalán es consciente de la falta de respuesta de los partidos independentistas en las patrañas judiciales de estos esclavos del ejecutivo español. La ciudadanía ha verificado una vez más que nuestros políticos no desean la independencia. Es el pueblo quien, cansado ya de ser súbdito de España, quiere formar parte de una república popular, libre e independiente. Su voluntad inquebrantable debiera haber alertado a los jerarcas de Madrid de las posibles consecuencias de su admonición porque, como dijo John F. Kennedy en uno de sus discursos, ‘los que hacen imposible una revolución pacífica, no podrán impedir nunca una revolución violenta ‘.