La toga roja

Pub: EL PERIODICO Ed: Primera EDICION  Dia: 26/01/2000 –   Josep Maria Loperena Abogado.

Su concepción de la justicia y su valentía frente a las instituciones franquistas le hicieron solicitar la plaza de juez de peligrosidad social, para no aplicar la ley. Enrique Álvarez Cruz la consideraba, además de arbitraria, represora de los derechos de la persona. Esa ley llamaba a los homosexuales, invertidos; a los parados, vagos; a los demócratas, subversivos; a los hambrientos, mendigos, y a las malcasadas, putas. Todos eran peligrosos, y dada su personalidad «viciosa, mal viviente y depravada» debían ser internados, sin juicio previo, en asilos de «anormales e incorregibles». Pero como no existían, iban a la cárcel. Al tomar posesión, Álvarez Cruz los soltó y se negó a instruir más causas. Mantuvo su labor liberadora hasta que, enterado el poder judicial, fue destituido.

En la actualidad otro juez, Ernesto Alberola, ha denegado la destrucción del sumario que, por homosexual, le fue incoado a Antoni Ruiz en 1976. Lo ha remitido por su interés público al Archivo Histórico valenciano, vulnerando el derecho a la intimidad.

Álvarez Cruz creyó erróneamente que al fin de la tiranía prevalecería la razón, la concordia y la libertad frente a los grilletes de la esclavitud. Para romperlos debió quemar los expedientes y esparcir sus cenizas sobre la tumba del dictador.