LA POLITIZACIÓN DEL ODIO

Tras el ‘Visto para sentencia’ la consabida frase de Manuel Marchena que puso fin al juicio del Procés, el pueblo de Cataluña tomó conciencia de la existencia de dos políticas contrapuestas entre España y Cataluña. De una parte la represión cuya espada de Damocles constituye una amenaza de muerte en refriega constante con las esperanzas de independencia, paz y república invocadas por la mayoría de catalanes. Dos posturas antagónicas que muestran la concurrencia de una guerra fría fundamentada en el odio que devendrá en una contienda a campo abierto contra la represión de un sistema borbónico basado en el unionismo, la destrucción y el rencor de los que quieren aniquilar nuestra Nación.

Al final de la interminable vista oral de la Sala 2ª del TS se pusieron en evidencia una serie de vestigios que marcan la condena de los patriotas presos por rebelión, un hecho que ha dado que pensar a los más incrédulos y ha abierto los ojos de los más reacios. Un veredicto anunciado que indicará, inexorablemente, el principio de la sublevación frente a la tiranía y la injusticia. Así lo predijeron los fiscales Jaime Moreno, Javier Zaragoza y Consuelo Madrigal obsesionados en mantener la acusación por este delito contra los inculpados sin que, en modo alguno, hayan probado su comisión.ElMinisterio Públicono modificó ni una sola de sus conclusiones provisionales respecto al veredicto. Quiso dejar muy claro que su calificación jurídica se concretaba en el delito de rebelión y, consecuentemente, en la responsabilidad penal de Oriol JunquerasCarme Forcadell,  Jordi Sánchez y Jordi Cuixart. 

Según palabras del propio Marchena, el Tribunal tiene elementos más que suficientes para tipificar el delito de rebelión: la actuación pasiva de la policía autonómica en los colegios electorales el día del referendo, la inactividad ordenada como estrategia política por la Generalitat y la utilización de medios violentos, al quedar probada la existencia de un cuerpo armado –los mossos- al servicio de los presuntos rebeldes. La sentencia que ya está escrita será larga, dura y pareja. Se fundamentará en cuatro bloques a modo de cimentación para intentar engañar a las instancias europeas: la actuación de los mossos, el mandato del Govern, las decisiones del Parlament y el papel activo de las asociaciones independentistas. El desarrollo de estas cuatro cuestiones confrontará la espina dorsal de la decisión judicial que emitirán los arcaicos jueces que confortan el Tribunal y que parecen haber sido exhumados del Valle de los Caídos.

La sentencia no constituirá el final del Procés, sino el principio del fin. El pacifismo se transformará en una larga sublevación que no cederá hasta que la voluntad popular se libere del régimen borbónico-franquista. Una consecuencia lógica de lo que impondrá Marchena y los otros buitres togados de la Sala para mantener la unidad de España. Se verá entonces si los magistrados optan por el We shall overcome, el himno de la desobediencia civil que invocó Josep Rull en su alegato final, o por la casi idéntica arenga del We shall prevail que Consuelo Madrigal citó en algunos de sus discursos. Sin embargo otros inequívocos acuerdos de la Sala o de la Junta Electoral Central (JEC) avalan la creencia popular cada vez más mayoritaria de que el Fallo ya está dictado. 

Da fe de todo ello el regreso forzoso a la cárcel de Soto del Real de Raül Romeva, Joaquim Forn, Jordi Turull, Josep Rull, Jordi Sànchez y Oriol Junqueras tras jurar por imperativo legal su acatamiento a la Constitución. O el mandato contrario a ley que obliga a Carles Puigdemont y a Antoni Comín a comparecer personalmente a la JEC para aceptar el mandato de eurodiputados electos con el único fin de ser detenidos e ingresados en prisión. España ha iniciado la politización del odio declarando oficialmente la guerra a Cataluña. A partir de ahora los combates serán más directos y constantes aunque no armados porque en el siglo XXI no existen las contiendas a la bayoneta, ni las batallas en el mar, ni se bombardean ciudades. Será un conflicto sucio y perverso por parte del invasor. Mentiras, calumnias, amenazas, ataques personales, impago de deudas, medidas coercitivas, aumento del expolio, persecución a los ayuntamientos insumisos y la reimplantación del artº 155 como estandarte del estado de guerra. 

Cuando la tiranía, en nombre del poder y de la historia, se convierte en un camino de rencor y represión hacia la muerte, surge la rebelión en nombre de la libertad y de la vida. Porque la verdadera generosidad para con el futuro consiste en darlo todo en el presente.