INFILTRADOS EN TV3

Todas las personas, sea cual fuere su ideología, pueden expresar sus opiniones en todos los medios ejerciendo su derecho a la libertad de expresión. Es un principio fundamental que solo tiene un límite: El agravio verbal, la injuria, la calumnia y la falacia dolosa que en lenguaje lúcido y claro equivale a maquinación marrullera. Convenio para la Protección de los Derechos Humanos y de las Libertades Fundamentales de 1950 reconoce a la libertad de expresión ‘valor de ley básica’. Sin embargo, añade, “Su ejercicio podrá ser sometido a condiciones, restricciones o sanciones siempre que sean necesarias – el matiz es importante– para la seguridad nacional, la defensa del orden establecido y para la prevención del delito”. Algo que se encuentra a millones de años luz en la España presuntamente democrática del postfranquismo en la que aún se sigue encarcelando a cómicos y titiriteros por ejercer este derecho. El problema surge cuando esta libertad se practica en tertulias televisivas en las que se cruzan opiniones enfrentadas, a veces más que conflictivas, para conseguir una mayor audiencia.

No comparto la ambigua tesis de Xavier Rus planteada en su artículo “Marine Le Pen a TV3” (El Periódico 23 Nov. 2018) que parece censurar la presencia de líderes de la extrema derecha en los medios informativos. Mi postura es muy clara al respecto. Entrevistas, sí; tertulias, no. La razón es muy simple. Marine Le Pen, al igual que Jordi Cañas, Javier Ortega, Montserrat Nebrera, Josep Anglada, Xavier García Albiol, Inés Arrimadas o el propio Pablo Llarena -todos ellos ultraconservadores y enemigos de Cataluña- pueden y deben aparecer en TV3 como entrevistados. Sin embargo, nunca han de formar parte de tertulias televisivas o colaborar en emisiones en directo en los que un grupo de participantes propaga cuestiones de raíz política o ideológica. No es una fórmula de censura sino de sentido común: no invites a tu enemigo a tu casa si no quieres que maltrate a tu mujer.

Vicent Sanchís, un profesional independiente, circunspecto y de ideas soberanistas que dirigió en su día el diario ‘El Punt-Avui’, es el responsable de la televisión catalana en la actualidad. La causa de la moderación y cautela que marca su política no es otra que la campaña propiciada por más de un líder del PP, Ciudadanos, Vox o el propio PSC que pone en tela de juicio “El procés” y, lo que es peor, que censura y propaga que TV3 está al servicio del independentismo. Pero no debe confundirse la prudencia con el masoquismo. Ningún responsable de la tele catalana que no fuese un espantadizo o un pusilánime convocaría como tertuliano de “Preguntes Freqüents’ a Javier Ortega o Santiago Abascal de VOX, fascistas reconocidos que se lucran de la ‘Asociación para la Defensa de la Nación española’ para subsistir, o a Jordi Cañas en ‘Tot Es Mou’, el cual en estado puro y con un castellano desagradable, chulesco y rancio, llegó a llamar a gritos quinqui y macarra al President Puigdemont.

Pero los peores enemigos de la verdad son los intrusos y, si mucho me apuran, los infiltrados que se mezclan en las tertulias televisivas con gentes de distinta condición política que la suya, con fines de sabotaje o de desinformación malévola. Un simple ejemplo: Montserrat Nebrera que, según su currículum, es catedrática de Derecho constitucional, magistrada y licenciada en política, filología clásica y doctora en Derecho por la Universidad de Barcelona,  no ostentó ninguno de estos títulos. Nunca fue doctora ni magistrada, ni posee la mayoría de las licenciaturas que constan en su haber. Según la “maldita” hemeroteca fue diputada por el PP en el Parlament de Catalunya, partido del que formó parte hasta que fue obligada a dimitir tras dos expedientes disciplinarios que le instruyó Alicia Sánchez Camacho. Después, buscó refugio en otras formaciones políticas de la derecha más recalcitrante. Coqueteó con José Domingo, un diputado prófugo de ‘Ciudadanos’ y con Josep Anglada, el líder de ‘Plataforma per Catalunya’, una organización xenófoba heredera vergonzante de la ‘Fuerza Nueva’ de Blas Piñar. Como quería ser ella la que ostentara el primer puesto en sus listas electorales no consiguió el acuerdo soñado con ninguno de los dos y tuvo que formar su propio partido, ‘Alternativa de Govern’, algo así como un pequeño VOX a la catalana, hasta que consciente de la falta de recursos para poder competir con el PP – fue una de las perdedoras más patéticas de incipiente democracia – grabó un vídeo sin ningún sentido en el que aparecía desnuda simulando un orgasmo para –según manifestó más tarde- los miembros del Opus Dei y los del ala dura de los populares “recuperasen su voto de confianza (sic?)”.

Como se vio el pasado domingo día 2 en su intervención televisiva tras el triunfo de VOX, Nebrera tiene la habilidad de formular un doble discurso. El primero dirigido a los catalanes y el segundo orientado a los seguidores de Santiago Abascal y compañía. Cuando Montserrat Nebrera manifestaba, a través de la palabra, su rechazo a VOX su rostro dejaba intuir la envidia que sentía por no ser uno de sus líderes. Esta es, a mi juicio, la mayor infiltrada en TV3, aunque hay otros muchos alguno de los cuales ya conocéis. Tengo la certidumbre de que seréis vosotros quienes los saquéis a la luz porque a fin de cuentas lo que os propongo no es más que la verdad de Perogrullo.