El gran masturbador

EL PERIODICO Ed: Primera Edicion Dia: 16/06/1999 –  Josep Maria Loperena Abogado.

Se llamó a sí mismo «el gran masturbador». El día en que nació brillaron en el mar los siete reflejos del sol. Precursor del márketing contemporáneo y sabio introductor en la pintura de esos personajes llamados negros -redactores actuales de los best sellers más vendidos-, Salvador Dalí convirtió la mística alucinógena en una diarrea de cheques con el único objeto de comprar su hibernación. Jamás lo consiguió.

Ochocientas obras del maestro, en las que aparece su firma sobre papeles fabricados después de su muerte, han sido intervenidas a Pierre Marie Fernand. Pretendía venderlas como auténticas en una galería de Alicante. En los últimos años de su vida, Dalí rubricó cientos de dibujos falsos a petición de su secretario John Peter Moore. Pero lo que ignoran muchos expertos es que los fondos surrealistas de sus lienzos los pintaron por encargo escenógrafos como Fontanals, Asensi o Alarma.

Dalí se falsificó a sí mismo al legitimarlos con su firma. La máxima de Oscar Wilde, «la revelación del arte consiste en ocultar al artista», adquiere en Dalí caracteres cósmicos de chufla y cachondeo. El ácido desoxirribonucleico que tanto amó desterrará para siempre a sus marchantes de mala ley al reino de los pícaros.