NICOLÁS MADURO CONTRA DONALD TRUMP Y PEDRO SÁNCHEZ

Cuando los medios informativos de media Europa anunciaron la entrevista de Jordi Évole al Presidente Maduro, los partidos conservadores más recalcitrantes de la católica e indivisible España se alzaron en pié de guerra. Cerraron los oídos a la lógica y trataron sin consideración a Évole, usando expresiones homófonas y retrógradas. Arcadi Espada de Ciudadanos llegó a afirmar que si entrevistas al asesino, eres igual de criminal que él. Sus antagonistas de papel higiénico le tacharon de defender a un ejecutor de masas que era ‘amigo suyo de toda la vida al igual que ahora lo es de los independentistas catalanes, esos que quieren salir de España”. Como colofón a toda esta sarta de desaguisados, algunos líderes del Partido Popular compararon al Movimiento Bolivariano Revolucionario con el procés catalán. Todo un honor.

Évole, coaccionado por esta colección de cuervos y sabandijas, se transformó en un detractor de Maduro a quien censuró y agredió con sus palabras. Pasó de ser un periodista comprometido, ético y veraz, a comportarse como un fiscal de tres al cuarto, de esos que, con interrupciones y salmodias, intentan que el acusado diga lo que no quiere. Su entrevista no fue el muestreo veraz y objetivo del momento histórico que vive el pueblo venezolano que los televidentes esperaban ver. Évole se convirtió en un lacayo de Pedro Sánchez, esbirro a su vez de Donald Trump y de Angela Merkel y de otros estadistas que legitiman al ‘autoproclamado’ Juan Guaidó como presidente interino de aquel país.

Los servicios del CNI debían haber informado al Presidente del Gobierno que en 2003 Guaidó, junto a un grupo de activistas de extrema derecha de la ‘Universidad Católica Andrés Bello’ de Caracas, fue adiestrado por la CIA para socavar el gobierno socialista de Venezuela, desestabilizar el orden y para que, en un día no muy lejano, pudiese tomar el poder. También le hubiesen hecho saber que el 5 de octubre de 2005, en pleno apogeo de Chávez, el autoproclamado Guaidó partió hacia Belgrado para recibir instrucción sobre la teoría y práctica de una insurrección. En 2007 lo mandaron a Washington D.F. Allí participó en un master sobre gobernabilidad y gestión política dirigido por Luís Enrique Berrizbeitia, el economista neoliberal más acreditado de América Latina y ex director ejecutivo del Fondo Monetario Internacional. Hace pocos meses Trump decidió que Guaidó iba a ser el nuevo Presidente de Venezuela.

Consciente de todo esto, Maduro, en su entrevista con Évole se mostró frío e imparcial. Respondió a todas sus preguntas imperturbable y serenamente.  No se refirió directamente a Guaidó y su relación con la CIA, aunque sí se mostró temeroso de que Trump optara por invadir Venezuela asunto prioritario de su orden del día. “Tenemos que defender el derecho a vivir en paz en Venezuela. EE.UU. quiere  regresar al siglo XX a base de golpes de Estado, de movilizar militares en pie de guerra, de crear gobiernos títeres y de saquear los recursos de la población”. Aseguró que Trump saldría de Estados Unidos con las manos manchadas de sangre porque siel imperio norteamericano ataca el país, concluyó, miles de venezolanos inocentes acabarían pagando con su vida”. Évole inistía; pretendía una rectificación, a lo que Maduro replicó: “han sido muchos y graves los errores cometidos por el capitalismo rapaz. La humanidad está obligada a sacar lecciones. Hay que recordar que la coalición Bush-Aznar llevó a la guerra de Irak, y pagaron con su vida millones de personas inocentes.  Las muertes de Gadafi y Saddam Hussein fueron dos crímenes de Estado avalados por Occidente. Voy a impedir que ese genocidio se reproduzca en Venezuela”. 

Con Pedro Sánchez fue igual de contundente. Su referencia al ‘procés’ puso cátedra a la política catalana. “No aceptamos ultimatums de nadie. Es como si yo le dijera a la Unión Europea que le doy siete días para reconocer a Cataluña como República”, declaró el líder chavista. “¿Porqué la Unión Europea tiene que ordenar a Venezuela que repita las elecciones presidenciales que se hicieron en mayo de 2018? Me avergüenza que Sánchez reitere la historia de Aznar. Es un farsante. Él sí que no fue elegido por nadie. Debería convocar elecciones ya que el pueblo español no le votó”.

Sánchez se equivocó. Se sometió a ciegas a la voluntad de Trump y de Merkel sin tener en cuenta los antecedentes políticos y personales de Guaidó. Cuanto menos, por prudencia, debió esperar a que el recién autonombrado presidente convocara unas elecciones libres, universales, directas y secretas tal como le exige la Constitución venezolana de 1999. Porque para que una democracia sea firme y sólida es preciso actuar con la máxima información posible. Y respecto a Évol, recordarle el principio de mayordomía de la ética periodística: la opinión es libre pero los hechos se han de acatar y respetar.

LA FALSEDAD DE LA POLÍTICA

‘El vicio del poder’ (“Vice”) de Adam McKay, director y guionista independiente, es un documento fehaciente y auténtico sobre la falsedad de la política; un testimonio cinematográfico, siniestro y vomitivo a la vez, que reconstruye la reciente historia mundial a través de un relato mordaz y despiadado sobre Dick Cheney, el vicepresidente de Bush, Jr. Cheney fue el factor ejecutante de la guerra contra Sadam Hussein que se saldó con la muerte de 600.000 civiles, un millón de heridos y 80.000 mutilados iraquíes. Un genocidio que Cheney justificó con una sarta de mentiras sostenidas incluso ante la ONU y mediante torturas sistematizadas e infringidas con total impunidad a presuntos terroristas. (Interrogatorios en la sombra”, según él).

Su total y absoluta falta de escrúpulos, su dominio estratégico y control de los pozos de petróleo y la probada ineptitud de George W. Bush que, al igual que Donald Trump, no fue más que un títere irrisorio y ridículo que se agrandó al dedicar más tiempo en empinar el codo que a atender los asuntos de estado, hicieron posible que Dick Cheney accediera a la vicepresidencia convirtiendo un cargo vacío de responsabilidad en el centro de poder de un Gobierno que ha pasado a la historia como el máximo responsable de la magnicida respuesta a los atentados del 11 de septiembre.

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MALDITOS PRESUPUESTOS

Según cualquier diccionario de uso común, los presupuestos del Estado son los gastos e ingresos previstos para que un partido político pueda gobernar con solidez durante su judicatura’. Esta definición lleva implícita, en la práctica, la merma de las listas de espera, la desaparición de los barracones escolares, la reducción y mejora de los salarios, así como los subsidios a la dependencia y el incremento de viviendas sociales. También comporta más ayudas a los desempleados y un generoso fomento de la investigación, la exportación, el trabajo y los servicios de la Seguridad social. Pero para que el poder ejecutivo pueda ejercer su función es preciso que el Parlamento apruebe por mayoría los presupuestos a la fecha de hoy convertidos en malditos.

El Gobierno de Pedro Sánchez surgió de una moción de censura del PSOE contra el PP que triunfó gracias al apoyo de Podemos y de los nacionalistas vascos y catalanes. La oposición –Ciudadanos, los populares y ahora VOX- es derecha pura. O, sí lo preferís: el de Rivera ultra-conservador, el de Casado de extrema derecha y el de Abascal fascista a tope. Todos propagan, a su modo, los sagrados principios del Movimiento Nacional, la Iglesia y la Unidad de la Patria. Los tres partidos más reaccionarios de la borbónica España compiten en lanzar diatribas contra el independentismo catalán, tópicos a favor de la bandera hispánica, y argumentos disparatados para justificar su falta de solidaridad con los inmigrantes de las comunidades más pobres.

Pero el problema estriba en saber quién es el auténtico enemigo de Cataluña. No es lo mismo Santiago Abascal, presidente de VOX, que acaba de presentar ante el TS una querella contra “el golpista Torra por conspirar para la rebelión”, que el socialdemócrata Pedro Sánchez, presidente del Gobierno español. Abascal -elogiado por Miquel Iceta en ‘Els matins de TV3’- ha pedido “ante la inacción del Ejecutivo la detención y prisión preventiva del President de la Generalitat” mientras que Sánchez sigue oponiéndose contra viento y marea a las peticiones de Ciudadanos, del PP y de algunos jerarcas del PSOE como Felipe González, Alfonso Guerra, Javier Lambán o Emiliano García Page todos ellos partidarios de volver a aplicar el 155 en Cataluña.

La cuestión es tan evidente como diáfana. Si los partidos independentistas no apoyan los presupuestos de Pedro Sánchez, se convocaran unas nuevas elecciones generales que ganarán, de forma meridiana, el despotismo monárquico del PP, el unionismo totalitario de Ciudadanos y el fascismo explícito de VOX. Ello supondría para Cataluña, no solo la aplicación del artículo 155 sino la anunciada paralización de su administración, la suspensión de su autonomía y la ilegalización de las organizaciones y partidos independentistas. Es una amenaza extremadamente radical que pretende llevar al matadero a nuestra Nación y que debiera haber sido prevenida por sus dirigentes. Pero no ha sido así. Quim Torra, sin encomendarse ni a Dios ni al diablo, en un acto de apoyo a los presos políticos junto a la cárcel de Lledoners se explayó en contra de la voluntad popular contra el Presidente Sánchez con estas palabras: “Nosotros, el pueblo de Cataluña le retiramos el apoyo. No votaremos los presupuestos.”

En el diario “ARA” del pasado domingo Toni Soler refrendó mi tesis aunque echando agua al vino. Escribió: ‘L’alternativa es prou coneguda: eleccions anticipades, tensió, posible tripartit de dretes, el 155 total o parcial i una resposta popular a Catalunya difícil de mesurar i encare mes difícil de canalitzar’.

El sentido común es, en democracia, la ley de leyes que prevalece incluso a la propia Constitución. Una capacidad de juzgar y obrar acertadamente al servicio de la ciudadanía, virtud de la que carece Torra, un parlanchín que pronuncia palabras huecas que debería callar en los momentos más inoportunos. Personalmente creo en el pueblo de Cataluña pero no en sus mandatarios. No existen estadistas como lo fueron antaño Francesc Macià, Lluís Companys, Josep Tarradellas, Pasqual Maragall o Carles Puigdemont a pesar de la palidez del color de sus partidos. Torra habla por boca de ganso marcado por la cólera. 

Parece ignorar lo que la ciudadanía de este país sabe desde hace tiempo: que los partidos independentistas han roto sus relaciones por anteponer sus intereses electoralistas a combatir la represión del Estado Central y rehabilitar la Libertad. El pueblo es consciente de que a corto plazo conseguirá la independencia de su país e instaurará una república libre, popular y soberana sin la intervención de políticos ajenos al Procés o de aquellos otros que se han convertido en siervos del ejecutivo español. El pueblo es sabio, sensato y prudente. Se ha percatado de que Torra no es un estratega, y se siente indefenso cuando lanza improperios y se niega a negociar.

Se ha iniciado un nuevo año que será decisivo para el procés. Un año en el que debieran ser liberados los presos políticos, lograr el regreso de los exiliados sin represalias, poner los cimientos para la creación de un nuevo Estado independiente en forma de República y, por encima de todo, vivir en una Cataluña nueva, unida y en libertad. Estos son mis deseos para el 2019. Salud y suerte.