El escándalo de los jueces sustitutos

Publicado 17/06/2000

Un centenar de licenciados en Derecho imparten justicia en Catalunya sin haber superado ninguna prueba sobre su preparación para presidir un tribunal. Es urgente una reforma legal que lo impida.

Cuando la conocí era joven, bonita, vivaracha e independiente. Terminó Derecho cuando apenas tenía 22 años. Acudió a casi todos los despachos profesionales de Barcelona en busca de empleo sin conseguirlo, como hicieron cientos de chicos y chicas recién graduados en la facultad. Nunca supo de sentencias de filósofos ni de fábulas de poetas, porque no leyó a Cervantes.

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La toga roja

Pub: EL PERIODICO Ed: Primera EDICION  Dia: 26/01/2000 –   Josep Maria Loperena Abogado.

Su concepción de la justicia y su valentía frente a las instituciones franquistas le hicieron solicitar la plaza de juez de peligrosidad social, para no aplicar la ley. Enrique Álvarez Cruz la consideraba, además de arbitraria, represora de los derechos de la persona. Esa ley llamaba a los homosexuales, invertidos; a los parados, vagos; a los demócratas, subversivos; a los hambrientos, mendigos, y a las malcasadas, putas. Todos eran peligrosos, y dada su personalidad «viciosa, mal viviente y depravada» debían ser internados, sin juicio previo, en asilos de «anormales e incorregibles». Pero como no existían, iban a la cárcel. Al tomar posesión, Álvarez Cruz los soltó y se negó a instruir más causas. Mantuvo su labor liberadora hasta que, enterado el poder judicial, fue destituido.

En la actualidad otro juez, Ernesto Alberola, ha denegado la destrucción del sumario que, por homosexual, le fue incoado a Antoni Ruiz en 1976. Lo ha remitido por su interés público al Archivo Histórico valenciano, vulnerando el derecho a la intimidad.

Álvarez Cruz creyó erróneamente que al fin de la tiranía prevalecería la razón, la concordia y la libertad frente a los grilletes de la esclavitud. Para romperlos debió quemar los expedientes y esparcir sus cenizas sobre la tumba del dictador.

Verdugos a la carta

EL PERIODICO Ed: Primera EDICION  Dia: 17/01/2000 –  Josep Maria Loperena Abogado.

Jeb Bush, gobernador de Florida, cree a pies juntillas en el sueño americano. Piensa, como los antihéroes de Arthur Miller, que el éxito, la democracia, el individuo y Dios deben estar protegidos por la ley. Por eso los criminales han de ser aniquilados desde el poder mediante la fuerza, porque son una amenaza social. Para Bush la vida es muy sencilla: los buenos van al cielo y los malos al infierno.

En contra de su criterio, compartido sólo por otros cuatro ilusos del pasado, el Congreso de aquel Estado ha sustituido la silla eléctrica por la inyección letal. Pero Bush y sus muchachos han logrado una original mejora para los condenados a muerte: podrán elegir, entre los dos instrumentos de ejecución, el preferido.

Sugiero a Jeb Bush una nueva fórmula que hará más apetecible su siniestra carta. Incorporar otros sistemas a los ya existentes, como la guillotina, que produce un agradable frescor en el cuello, la divina horca y el garrote vil, tan prácticos y funcionales.

Nuestro Ministerio de Justicia aún conserva los artefactos que acabaron con las vidas de Puig Antich y Heinz Chez, en 1974.

Bush puede conseguirlos a buen precio, salvo que Margarita Mariscal de Gante quiera conservarlos por si el partido que gobierna, en un futuro no querido, decide su resurrección.