El glamour del conseller

Pub: EL PERIODICO Primera EDICION Dia: 06/09/2000 – Hora: 03:17  Josep Maria Loperena Abogado

El conseller de Cultura, Jordi Vilajoana, en una rueda de prensa celebrada en el Festival de Venecia, se lamentó de que las actrices catalanas, a diferencia de las madrileñas, no tengan glamour: «Ya está bien de aparecer en camiseta y zapatillas en TV-3. Para que la producción de audiovisuales de Catalunya triunfe es necesario que nuestras estrellas se pongan estupendas». Criticó a Emma Vilarasau y a Ariadna Gil, «por ser tan accesibles», para terminar pidiéndoles que «contagien glamour».

Según Cabrera Infante, el glamour es un invento de márketing. Ava Gardner, Elisabeth Taylor o Vivien Leigh lo irradiaron y Dorothy Lamour, Joan Fontaine o Virginia Mayo, no. Todas fueron bellas y algunas excelentes actrices. Para mí glamour es sinónimo de misterio, nostalgia, seducción o encanto. Es un producto de otras épocas que hoy sólo se conserva en el recuerdo. En Cannes 89 se abrió la veda. Cualquiera pudo pasear por la playa con Sally Field o tomarse una copa al lado de Jack Nicholson. Hoy el glamour sólo lo ambicionan los malos políticos. Los que permanecen en un falso pedestal y no conversan con las gentes de tú a tú y los que, con su perenne sonrisa publicitaria, difunden un falso Estado del bienestar.

 

Política del remiendo

Pub: EL PERIODICO Ed: Primera EDICION Dia: 18/07/2000 – Josep Maria Loperena

En 1979 se creó el Tribunal Constitucional, órgano de control y garantía del ejercicio de los derechos y libertades públicas. Su actual presidente, Cruz Villalón, ha revelado que de los 5.582 recursos de amparo presentados en 1999, sólo se tramitaron 240.

Los otros fueron inadmitidos. Cruz Villalón propone reformar la ley para evitar la acumulación de demandas. Por su parte Delgado Barrio, presidente del Consejo del Poder Judicial, ofrece como solución que sea el Supremo quien decida la mayor parte de los temas encargados al Constitucional para aligerar su labor.

El plan de choque anunciado por el ministro Ángel Acebes, que limita el cambio judicial a una ampliación de la edad de jubilación de los jueces y una reducción de las prácticas de acceso a la carrera, no es suficiente. La reforma debe ser absoluta y transgresora: la política del remiendo sería nociva para la justicia.

No han de restringirse las atribuciones del Constitucional sin antes haber traspasado al Supremo la defensa de derechos inalienables como la vida, la igualdad, o el trabajo. Ni mucho menos abandonar su tutela al arbitrio de jueces inexpertos o de la lentitud parlamentaria. Tampoco podría justificarse su inobservancia en la existencia de un vacío legal.