Robin de Malasaña

Pub: EL PERIODICO Doc: 00200D Ed: Primera Edicion Cb: 06/12/1998 -Josep Maria Loperena Abogado.

Trocó la blusa y tonelete, que tan bien portaba Errol Flynn en la película, por un pijama de color indefinido y unas viejas pantuflas. Vestido de tal guisa, Francisco del Moral compareció ante la Audiencia de Madrid para ser juzgado. El fiscal le acusaba de apoderarse, en cuatro joyerías, de un botín de más de 120 millones. Del Moral explicó a los togados que asumió el papel de Robin Hood y que, en tal condición, repartió el tesoro entre los pobres de Malasaña a la espera de un nuevo mundo en que la riqueza se distribuyera por igual, a toda la humanidad. Cuando el acusador público rechazó tan altruista teoría, como réplica mordaz se zampó un bocadillo de sardinas que llevaba en el morral. Después, tumbado en el banquillo de los acusados, se adormeció.

Le han condenado a 12 años de cárcel. Las joyas no han sido halladas porque los indigentes a quien las entregó jamás creyeron que fueran auténticas. Las lucían como abalorios o se las daban a sus hijos para jugar. Del Moral se considera un preso del capitalismo. Acepta ser mantenido porque necesita alimentar su fantasía: la llegada de aquel día en que los parias de todo el mundo volverán a romper sus yugos para iniciar la insumisión.

Tiempos sin retorno

Publicat 4/09/1997

Urge revisar la vía de prisión preventiva cuando gente corriente es encarcelada 840 días antes de ser absuelta. Y más cuando el juez desoye muchas voces y luego la sentencia le enmienda la plana.

Recostada en el muro de su celda, Antonia González oía el rumor de la lluvia al caer sobre el pavimento del patio de Alcalá-Meco. Por el estrecho ventanuco veía el cielo pintado de gris plomizo y una luna pálida que, a pesar de su tristeza, se le antojaba sonriente y le recordaba a Lola. Sintió, como todos los días a la misma hora, los pasos de la ronda, los ruidos de las puertas de la cancela al cerrarse y las voces de la desesperación y la soledad.

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Los ojos de la gata 

Pub: EL PERIODICO Ed: Primera Edicion Dia: 14/10/1997 – Josep Maria Loperena Abogado.
Su mirada, desconfiada y triste, despertó el espíritu de solidaridad dormido tanto tiempo. En cuanto la vieron encinta, la acogieron en la fábrica y le dieron de comer. Sin nombre era una gata gorda y reposada, de afilados dientes y enormes uñas, a punto de parir.

Pero un directivo de la empresa Plásticos Uniplasa sorprendió a Sin nombre sesteando en un cojín multicolor rodeada de raspas de sardina. Estaba prohibido, por razones de salud laboral, alimentar a cualquier animal doméstico. Como no se averiguó qué trabajador había cometido tamaña falta de disciplina, se suspendió de empleo y suelo a Rafael Cucarella, el contramaestre.

El asunto llegó a los tribunales y Gema Palomar, juez de Valencia, anuló la sanción. La sentencia reprende a la patronal por su proceder feudal, más propio del medioevo que de la frontera del siglo XXI. Sin nombre tuvo, al fin, una camada de seis gatitos, pero su pelo brilla menos, ha dejado de ser okupa y vive en la calle. A pesar de todo, ahora es feliz. Sus protectores siguen obrando mal y mantienen a toda su familia. Ella les mira agradecida con sus ojos verdes. Confiada y satisfecha parece suplicarles que acojan a sus cachorros en adopción: Sin nombre no acaba de comprender las virtudes del Estado del bienestar.