Adéu, Espanya!

Cuando Joan Maragall escribió ‘Oda a España’, su inmemorial poema, la ciudadanía estaba dividida en dos grandes bloques: los de derechas y los de izquierdas. Es decir, La Lliga y ERC que chocaban frontalmente. Maragall compuso el poema para expresar su repudio en España regido por una oligarquía corrupta, disconforme con la progresía y contraria al catalanismo. Las fuerzas políticas soberanistas estaban divididas. Sólo los unía el hecho de no aceptar que Cataluña fuera parte y propiedad del Estado. Al cabo de los años, la Constitución de 1978, proclamó la indisoluble unidad de la nación española. Pero el pueblo era consciente de que el futuro de España estaba determinado por la restauración de la República y por el reconocimiento de Cataluña como un estado independiente.

A partir de los 80 surgieron muchos partidos y movimientos de carácter independentista. Sus promotores preferían ser ‘cabeza de ratón’ antes que ‘cola de león’. El eterno problema catalán, las capillas, se puso nuevamente de manifiesto. Nacionalistas de Izquierda, Llamada a la Solidaridad, el MDT, el Pino, la SI de Isabel-Clara Simó o la misma Terra Lliure, se extinguieron progresivamente. En 1991 los partidos que configuraban la otra izquierda catalana crearon Izquierda Independentista cuyo objetivo era mantener la lucha por la independencia. Su acta fundacional la firmaron activistas políticos, juristas, licenciados en diversas materias o escritores como Uriel Bertran, Héctor López Bofill o Núria Arnau, entre otros. Pero al igual que las formaciones anteriores se extinguió debido a su inoperancia. Muchos de sus militantes se afiliaron a ERC.

Sin pretender emular a Arnold J. Toynbee y su teoría sobre el historicismo, lo cierto es que los hechos pasados ​​muchas veces se reproducen en el tiempo. En 2019 se eclipsaron los sueños de independencia de muchos catalanes. En el momento en que prácticamente las tropas gubernamentales ocuparon Cataluña, los independentistas subieron como la espuma. El pueblo se rebeló contra la opresión y el despotismo del gobierno de Madrid. Se prodigaron las manifestaciones multitudinarias y se llevó a cabo el referéndum del 1-O, un triunfo democrático a favor de la libertad. Sin los partidos independentistas, desde la derecha convergente reconvertida en ‘JuntsxCat’ en la centrista ERC, se declararon la guerra. Cada uno de ellos quiso capitalizar el resultado de la consulta y de esta forma conseguir los votos de la ciudadanía.

Primero fue un enfrentamiento sutil, a sotto voce, pero, actualmente, a menos de un mes para celebrarse la Diada del 11 de septiembre, la división del soberanismo ha hecho más insondable y profunda. Josep Huguet y Anna Simó, ex consejeros de ERC, van pregonando que no irán a la manifestación para no coincidir con una pandilla de exaltados de la ANC que quieren convertirla en un aquelarre purificador contra los traidores ‘refiriéndose a la gente de su partido. Joan Tardà añadió en RAC1 que «la asamblea se había convertido en un contrapoder pervirtiendo el fin diáfana y libre del independentismo en colocar basura y excrementos en las sedes de Izquierda y PDeCAT». La respuesta de Elisenda Paluzie no se hizo esperar. Recordó que la entidad que preside ha posesionado contra JxCat al contrario de ERC. Las réplicas y contrarreplicas, convertidas en agravios, insultos y enfrentamientos, de Dante hecha fundador del partido Som Alternativa, Gabriel Rufián de ERC y Marcel Mauri vicepresidente de Òmnium, se prodigaron hasta el infinito a través de las redes sociales.

Este conflicto existente entre todas las fuerzas independentistas catalanas se produce en un momento delicado y crucial. A finales de septiembre el súper juez Manuel Marchena notificará a los inculpados la sentencia del proceso. Marchena lo hará en un acto solemne que celebrará en audiencia publica. La condena será pérfida, antijurídica, maligna y diabólica consecuencia de la venganza de España, el odio de los que abominan en Cataluña y la preponderancia de los magistrados del TS. Sin embargo, la independencia sigue siendo el objetivo de los que votaron ‘Sí’ en el referéndum del 1-O. La CUP apuesta por una ola movilizadora enfocada hacia la ruptura total ‘el mismo que dijo Quim Torra hace pocos días, pero la discordia entre los partidos hará mucho daño a la causa de la libertad.

Pienso que si Joan Maragall viviera hoy, habría sustituido su «¿Dónde estás, España? – No te veo en ninguna parte» por un canto de unidad y alianza dirigido a todas las entidades políticas catalanas. Quizás habría añadido a su ‘Adiós! España ‘: «por donde vas, Cataluña? La libertad la tenemos que ganar entre todos».